jueves, 3 de mayo de 2007

¿Si hubiera…? El Camaleón.

Fue hace como tres o cuatro meses que sucedió, un encuentro mínimo y casi casual, bajo el entendido de que las cosas en mi vida pocas veces suceden por casualidad. Sumergido en mis pensamientos como tantas veces, tomaba una larga caminata sin molestar ni esperar ser molestado, los ánimos del día no estaban para coincidencias sociales inesperadas, pero hay una razón por la que se les llama coincidencias y se les adjetiva inesperadas.

La tarde me prometía lluvia y largas horas entretenido resolviendo el pequeño, pero concistente mundo de mi cabeza. A tan sólo unos pasos de distancia de la entrada al metro, alguien buscaba desesperadamente mi atención, llamarme por mi nombre hubiera sido suficiente, pero disperso como siempre no me percataba de una señal tan sutíl, fue necesario tomarme por el hombro de una forma molesta y por un instante violenta.

Tardé unos instantes en reconocer el rostro, más no el nombre, de quien efusivamente me saludaba sin quitar sus ojos de mi.

“El Camaleón” era todo lo que me venía a la memoria cuando lo veía, y entre tanta palabra mal lograda que lanzaba en desorden, alcancé a percibir algo -¿Te acuerdas en la escuela…- dedujé que se refería al bachillerato, a razón de que ubicaba perfectamente a mis compañeros de cualquier otro nivel escolar, no así justo a los del bachillerato, gente gris y olvidable.

Su actitud naturalmente nerviosa y sus muchos movimientos cortos y repetidos comenzaban a incomodarme recordándome otra vez su apodo “El Camaleón”, con toda seguridad el pensaría que ese nombre se debía a una cambiante y misteriosa personalidad y no a la realidad inminente de que sus ojos no podían fijar un punto en el espacio.

Por en cambio los míos esperaban distinguir entre la lejana multitud a alguien que pudiera sacarme de la extraña situación, me hallaba simulando emoción por algunos recuerdos que no tenía, y lo peor era no poder recordar su verdadero nombre mientras el escupía repetidas veces el mío.

La casi unipersonal conversación se drigía peligrosamente a las fastidiosas preguntas obvias, - ¿Y la familia? ¿Qué andas haciendo? Todo era una ráfaga de preguntas que atacaban cada uno de mis intentos por pronunciar una palabra.

A caso de no pensar empezé a observar sin poder huir, comenzando en sus zapatos raspados y pasados de moda con los extremos de las agujetas desatados y volando libremente al ritmo de sus convulsos aspabientos, siguiendo por sus ajustados y rotos pantalones que presumían sendos manchones mostrando la más increíble variedad de colores, su camisa raida y su cabello grasciento, en fin todo un conjunto que rozaba los límites de la repugnancia.

Tantos movimientos en sus ojos no me habían permitido notar que estaban enrojecidos.

En resumen se había convertido en un manojo de nervios que vivia en la calle y cuya intención no era saber de mi vida, si no encontrar en alguien alguna atención.

Para conversación casual ya había sido mucho tiempo, casi 20 minutos desde que abandoné por completo mis pensamientos y esperanzas de huir, la repugnancia se desplazaba lentamente por una tímida simpatía resultado de sus peculiares, poco creíbles, pero divertidas historias.

Decía dedicarse al Derecho, aunque no había terminado la carrera, su último trabajo era en Política, algo con la cámara del senado, en fin todos temas en los que soy un neófito y con seguridad se me notaba y el aprovechava esa ignoracia para no darle fin a sus retóricas y filosofías.

Cuando por fin terminó el discurso sobre la ética laboral en cuestiones políticas, una pausa y las primeras gotas de lluvia me permitieron disculparme y comenzar las despedidas.

-Antes de que te vayas ¿podrías prestarme algo de dinero?, salí sin la cartera voy a comprar unos pañales.

Eso fue lo único que me pareció cierto en toda la conversación, sin más le dije que no se preocupara y le extendí el primer billete que encontré. No fue una acción desinteresada o altruista, lo hice sin pensar, sabiendo que lo necesitaba más que yo, tanto como para inventarse toda una historia de su vida.

Una sensación de lástima hubiera sido el último pensamiento que le dedicaría al asunto, de no ser por la noticia que me despertó un par de meses después.

Un hombre armado tomo las instalaciónes de la facutad de Derecho de la Universidad Autonoma, las autoridades no saben el número exacto de rehenes, y lo que más preocupa a los padres de familia son los disparos que se han escuchado…

Seguí la noticia a lo largo del día, hasta que por fin los noticieros aportaron una mayor precisión; seis muertos incluidos el tirador que terminó con una bala en el pecho a cargo de uno de los agentes que controlaron la situación. Su nombre era Miguel Covarruvias.

Me asaltó un golpe al estomago que me hizo perder el aliento, mi cabeza se lleno de sangre y recordé de súbito el nombre y apellido de “El Camaleón”.

La lástima de hace unos días se convertía de golpe en culpa, estaba lleno de preguntas y sobretodo de “hubieras”.

¿Si hubiera habaldo más con el?, ¿Si me hubiera interesado un poco más por su vida real?, ¿Si le hubiera prestado atención?, ¿Si no le hubiera regalado ese dinero?, ¿Si lo utilizó para comprar balas y no pañales? Al menos le hubiera invitado una taza de café.

Me cuesta recordarlo como un simple casualidad, es más una lección aprendida a base de culpas y lástimas.

Por cada Camaleón que dispara un proyectil en contra de otra persona como única respuesta a su necesidad de atención y comprensión, hay alguien como yo que no supo que hacer cuando lo escuchaba.

1 comentario:

Yol dijo...

Ya se te extrañaba, se que tienes poco tiempo espero visites mi lugar en el ciberespacio.

Caray este post me hizo ir muchos años tras, ya no se cuantos, cuando por no escuchar con atencion la letra de una cancion (que aunque es bella no soporto escucharla mas de una vez) y la nula experiencia que te da la vida cuando tienes 16 años no supe ver mas alla del dolor de una persona que despues de verla sonreir y hacer planes decidio morir por la noche; dejando en las mentes de algunas personas muchos ubieras que hasta la fecha no se pueden resolver.

abrazos y besos estrellados, cuidese y exito en todo lo que hace a diario